El motivo más habitual no es el diseño. Es la dependencia: cada cambio pequeño implica escribir a alguien, esperar y a veces pagar. Cuando cambiar un precio cuesta tres días, la web deja de estar al día y empieza a trabajar en tu contra.
Por qué se cambia de web
Casi siempre por una de estas tres. La primera: quien la hizo ya no contesta o ha subido tarifas. La segunda: la web no recoge citas y el teléfono suena a horas imposibles.
La tercera es más silenciosa. La web sigue en pie pero lleva dos años sin tocarse, con precios viejos y un horario que ya no es el tuyo. Una autoescuela con las tarifas del año pasado en portada pierde alumnos antes de hablar con ellos.
La mudanza, paso a paso
Primero se parte de la dirección de la web que tienes ahora, y de ahí sale un borrador con tus servicios, tus textos y tu horario. Segundo, revisas: cada texto lleva un lápiz al lado y corriges lo que haya envejecido.
Tercero, se apunta el dominio siguiendo la guía de DNS. Cuarto, se publica. La web antigua puede seguir donde está hasta ese último paso, así que no hay ningún día en el que no tengas nada en línea.
El contenido antiguo no se tira
Los textos que llevas años usando son los que Google conoce. Se leen de tu web actual y se reaprovechan, así que no empiezas de cero ni tienes que reescribir catorce descripciones de servicio.
Conviene mantener las mismas direcciones de página cuando se pueda, para no romper enlaces que ya existen. Y merece la pena aprovechar el momento para corregir lo que estaba mal escrito desde el principio, que suele ser el propio precio.
El dominio se queda contigo
El dominio es tuyo y sigue en tu registrador. Solo cambian unas líneas de DNS, y la guía reconoce a tu proveedor y te enseña exactamente cuáles. Los registros de correo no se tocan, así que tus buzones siguen igual.
Desde el momento en que publicas trabaja el hosting gestionado: servidores, vigilancia, actualizaciones y seguridad de nuestra parte, certificado HTTPS que se renueva solo y copia de seguridad cada noche, con la comprobación automática de que se puede volver a leer.
Cuándo es mejor esperar
Si tienes un contrato en vigor con quien lleva tu web, mira la letra pequeña antes de nada. Y si estás en plena temporada alta, cambiar en mitad del pico es añadir estrés al estrés.
También hay un caso claro para quedarse: si tu web actual carga rápido, se ve bien en el móvil, muestra precios y te trae trabajo, no la muevas. Nosotros preferimos decírtelo a que pruebes y te vayas a la semana.