Página web para masajistas con horas que duran lo que dura la sesión
Aquí lo que vendes es tiempo: treinta minutos, sesenta o noventa, cada uno con su precio y su hueco distinto en la camilla. Y en diciembre aparece un negocio entero aparte, el de los bonos regalo, que se cobra en dos semanas y se canjea durante todo el año siguiente.
La web va en tu propio dominio, con SSL, alojamiento y copias de seguridad cada noche en todos los planes. De 49 € a 199 € al mes más IVA.
El mismo trabajo, en tres momentos del año
No son tres problemas distintos. Son tres formas que toma el mismo asunto: que el tiempo se venda antes de gastarse.
Un lunes de octubre, siete y media de la tarde
Alguien te escribe para pedir hora. Quiere saber si tienes algo el jueves, y tú tienes que mirar la agenda, contar hacia atrás desde la sesión anterior y calcular si entre una de noventa y otra de sesenta queda sitio para cambiar la camilla.
Son cuatro mensajes de ida y vuelta para cerrar una hora. Multiplicado por las reservas de una semana, es una tarde entera al mes.
El quince de diciembre, con los bonos regalo por delante
En dos semanas vendes más bonos que en todo el trimestre anterior. Los imprimes, los firmas, los metes en un sobre y anotas en una hoja quién compró qué, con la esperanza de reconocerlos cuando vuelvan en marzo.
Algunos aparecen sin papel. Otros aparecen con el papel y con una duración que no es la que pagaron. Y tú no tienes forma de comprobarlo en el momento.
Un miércoles al mediodía, en una oficina
El masaje en empresa es otra cosa: se habla con recursos humanos, se pacta un día al mes, se factura a la empresa y las sesiones son cortas y encadenadas. Nada de eso encaja en la misma lista donde están los particulares.
Y sin embargo comparte agenda contigo, porque el miércoles que pasas allí es un miércoles que no estás en tu camilla.
Cuatro piezas para vender tiempo
Hay más cosas dentro, pero estas cuatro son las que tocan cómo se llena tu semana.
Treinta, sesenta y noventa son tres servicios, no uno
Cada duración es una línea con su precio y su bloque en la agenda. Quien reserva elige primero cuánto rato quiere y solo entonces ve las horas donde ese rato cabe de verdad, con el margen que necesitas entre una persona y la siguiente.
Se acabó lo de aceptar una de noventa a las seis cuando a las siete ya hay otra apuntada.
Un registro de clientes, y las empresas por su lado
Cada persona que reserva queda registrada con sus datos de contacto y su historial de citas, así que la próxima vez no hay que volver a preguntarlo todo. Los clientes de empresa se pueden llevar aparte, con su persona de contacto y su ritmo propio.
Eso permite tratar la parte corporativa como lo que es, un acuerdo mensual, sin mezclarla con las reservas de particulares.
Bonos regalo y códigos, sin papel de por medio
El bono regalo puede ser una línea más de la lista, con su duración asociada, que se compra desde la página y se canjea contra una reserva. Y en enero, cuando la agenda se queda floja, puedes sacar un código de descuento con fecha de caducidad.
Así lo que en diciembre se vende deprisa queda anotado en algún sitio distinto de una hoja suelta.
Mover una cita sin escribirte a ti
Cada reserva lleva un enlace propio. Quien no puede venir el jueves lo cambia al martes desde ahí, y ese jueves vuelve a ofrecerse libre inmediatamente en lugar de quedarse ocupado hasta que alguien se acuerde de avisar.
Una sesión de noventa minutos que se cae sin avisar es la parte más cara de la semana. Que se libere pronto es lo único que la salva.
Un ejemplo de lista de servicios
Los importes los decides tú. Lo que se ve aquí es cómo se organiza: una línea por duración, cada una con su tipo de precio y su hueco correspondiente.
Las líneas se pueden separar en categorías, por ejemplo particulares, bonos regalo y empresas, con precios distintos en cada una.
Lo que preguntan los masajistas antes de dar el paso
Sí. Cada servicio tiene su duración y puedes añadir el tiempo que necesitas para cambiar la camilla y airear la sala. Ese margen se descuenta de la agenda, así que nadie puede reservar encima de él.
Va como una línea más de la lista, con su duración asociada, y se compra desde la página. Luego se canjea contra una reserva, de manera que queda registrado en algún sitio y no depende de que aparezca un papel.
Sí. El horario se define por franjas, de modo que los días que estás en el otro local o en una empresa simplemente no se ofrecen para reservar en la camilla de tu centro.
Sí. Esa parte puede ir con precio a presupuesto y los contactos de empresa se llevan aparte en el registro. Los particulares reservan online y la parte corporativa se acuerda como siempre, sin mezclar las dos listas.
Empiezas publicando los servicios y abriendo a reserva solo unas franjas. Lo que llegue por teléfono lo sigues apuntando tú en el mismo calendario, y vas ampliando las franjas online al ritmo que te apetezca.
Hay cuatro planes que van de 49 € a 199 € al mes, IVA no incluido. Todos llevan página sobre tu dominio, SSL, alojamiento, copias nocturnas y soporte. Si quieres avisos por SMS, se recargan aparte.
Más sectores
- Podología y cuidado de piesUna sola agenda para el teléfono y la web.
- PeluqueríasReserva por silla y duración del servicio.
- BarberíasUna reserva que en el móvil dura diez segundos.
- Centros de uñasEl relleno cada tres semanas se reserva solo.
- Extensiones de pestañasReservas que entran mientras tienes las manos ocupadas.
- Centros de estéticaPrimero la consulta, luego el ciclo en la agenda.
- Todos los sectores
Que tu agenda se llene sin pasar por el teléfono
Describe qué sesiones ofreces y cuánto duran, o indica dónde está tu página de ahora. El constructor deja lista una primera versión con las duraciones, los bonos regalo y la reserva, y a partir de ahí lo cambias tú sobre la propia página.
La web va en tu propio dominio, con SSL, alojamiento y copias de seguridad cada noche en todos los planes. De 49 € a 199 € al mes más IVA.