Página web para peluquerías con cita online que respeta el tiempo de cada servicio
Tu negocio cabe en un sillón y en las horas que ese sillón está ocupado. Una hora vacía un jueves por la tarde no se recupera al día siguiente, y sin embargo casi todas las citas que la habrían llenado intentan entrar cuando tú tienes las dos manos dentro de una cabeza.
La web va en tu propio dominio, con SSL, alojamiento y copias de seguridad cada noche en todos los planes. De 49 € a 199 € al mes más IVA.
Tres momentos de una semana de salón
Ninguno se arregla contestando más rápido. Se arreglan quitando de en medio la parte que no necesita tus manos.
Las once y media, con el tinte en los guantes
Estás aplicando color y suena el teléfono del salón. Puedes parar, quitarte los guantes y perder el tiempo de exposición, o dejar que suene y perder la cita. Las dos opciones cuestan dinero y solo una de ellas molesta a la clienta que tienes sentada delante.
Y cuando devuelves la llamada por la tarde, la mitad de las veces esa persona ya ha pedido hora en otro sitio, porque quería resolverlo a las once y media.
Un corte son treinta minutos, unas mechas no
En la agenda de papel todo ocupa una línea igual. Pero unas mechas con matiz se llevan la mañana entera y un corte de caballero no llega a media hora, así que un día mal encajado te deja de pie hasta las cuatro sin comer o con dos huecos muertos seguidos.
Lo peor es que el error se comete al apuntar la cita, dos semanas antes, cuando alguien dijo por teléfono que quería un cambio de color y nadie preguntó de qué largo hablábamos.
Las diez y media de la noche, con la persiana echada
Es la hora a la que la gente decide cortarse el pelo. Están en el sofá, mirando el móvil, y quieren cerrar el sábado por la mañana antes de acordarse de otra cosa.
Si encuentran tus servicios, tus tiempos y una hora libre, la cita queda hecha esa misma noche. Si encuentran un número al que llamar mañana, mañana es otro día y la boda del sábado sigue sin peinado.
Lo que de verdad cambia en un salón
Hay más cosas dentro, pero estas cuatro son las que se notan en la agenda de la semana siguiente.
Cada servicio ocupa el rato que ocupa
La clienta elige primero el servicio, corte, color de raíces, mechas o recogido, y después ve las horas. Cada uno lleva su duración de verdad, la tuya, así que un balayage no se cuela en el hueco de un flequillo.
Y como el precio aparece junto al servicio, quien reserva de noche ya sabe qué va a pagar sin tener que preguntarlo por la mañana.
Sillones y personas, cada una con su agenda
Si en el salón sois tres y hay dos puestos de color, ese es el límite real de la tarde. Cada profesional tiene su horario y sus servicios, y quien quiera ir siempre con la misma persona puede elegirla al reservar.
El lavacabezas o la sala de color también se pueden dar de alta como recurso, para que dos servicios no se peleen por el mismo sitio.
Anular a tiempo, sin llamar y sin apuro
Cada cita lleva su enlace, y quien no puede venir la cambia o la anula desde ahí dentro del plazo que tú decidas. Cuesta mucho menos que llamar y admitir que no se puede ir, que es justo el motivo por el que hay gente que no avisa nunca.
Esa hora liberada vuelve a estar libre en el momento, y en un sábado de mayo eso vale por toda la mañana.
Confirmación al momento y recuerdo la víspera
La confirmación sale sola con el servicio, la hora y la profesional, y el recordatorio llega el día antes. No es cortesía: es lo que impide que un jueves a las cinco el sillón se quede parado porque alguien lo tenía apuntado para el viernes.
Por correo va en todos los planes. Si prefieres el SMS, que en peluquería es lo que se lee, se contrata como saldo de prepago.
Cómo puede quedar tu carta de servicios
Los nombres y los importes son tuyos. Lo que se ve aquí es el esqueleto: el tipo de precio de cada servicio y el tiempo que ocupa el sillón.
La carta se puede dividir en categorías, por ejemplo corte, color y peinados de evento, con sus propios precios en cada bloque.
Preguntas de peluquería antes de decidirse
Sí. Cada profesional tiene su horario y su lista de servicios, y la clienta puede elegir con quién quiere ir o dejar que el sistema le ofrezca la primera hora libre.
Porque la duración va pegada al servicio, no a la casilla de la agenda. Si unas mechas con matiz se llevan tres horas en tu salón, la reserva busca tres horas seguidas o no ofrece esa cita.
Se pueden montar como precios distintos dentro del mismo servicio o como precio desde cuando hay que verlo antes. Nadie llega esperando pagar una cosa y se encuentra otra en el mostrador.
No, porque tú también apuntas citas a mano en la misma agenda. Las horas que se llenan por teléfono desaparecen de la web al momento, así que no hay dos agendas que cuadrar.
Puedes seguir publicando lo que quieras, pero el hueco libre ya estará visible siempre en tu web y se podrá coger a cualquier hora, también cuando el salón lleva horas cerrado.
Según el plan, de 49 € a 199 € al mes con el IVA aparte. La web sobre tu dominio, el SSL, el alojamiento, las copias diarias y el soporte están en todos ellos.
Más sectores
- BarberíasUna reserva que en el móvil dura diez segundos.
- Centros de uñasEl relleno cada tres semanas se reserva solo.
- Extensiones de pestañasReservas que entran mientras tienes las manos ocupadas.
- Centros de estéticaPrimero la consulta, luego el ciclo en la agenda.
- MasajistasHoras por duración del tratamiento, y bonos regalo.
- Podología y cuidado de piesUna sola agenda para el teléfono y la web.
- Todos los sectores
Abre la página de tu peluquería
Escribe qué servicios haces, cuánto dura cada uno y cuántas sois en el salón, o indica la web que ya tienes, y el constructor con IA deja montada una primera versión con carta de servicios, horarios y cita online. Después lo cambias tú pinchando en los lápices.
La web va en tu propio dominio, con SSL, alojamiento y copias de seguridad cada noche en todos los planes. De 49 € a 199 € al mes más IVA.